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Ideas ·

Colección Filosofía a contratiempo

Bailando con el caos

Ilustración inspirada en La noche estrellada de Van Gogh: un cielo azul profundo con remolinos, estrellas y una luna ocres sobre un pueblo dormido y un ciprés oscuro.

Hay días en que la vida se parece a una batalla cuya causa hemos olvidado, pero en la que seguimos combatiendo con admirable obstinación. El trabajo, la familia, la música y esa incurable manía de aprender cosas nuevas reclaman, cada uno, su pequeña eternidad. El inconveniente es que todas exigen ser vividas al mismo tiempo.

Nietzsche sospechaba que el destino no debía ser soportado, sino amado. Acaso la verdadera valentía no consista en vencer al caos, sino en reconocerlo como parte de nuestra propia obra.

Hartmut Rosa propone una intuición menos heroica y quizá más difícil: el mundo no está hecho solamente para ser conquistado o comprendido, sino también para responder a él. Hay cosas que dejan de hablarnos en cuanto pretendemos poseerlas.

Pienso entonces en una orquesta.

Durante años imaginé que vivir consistía en dirigirla: ordenar los instrumentos, corregir los tiempos, impedir que una nota se extraviara. Un proyecto razonable, salvo por el pequeño inconveniente de que la vida jamás ha mostrado demasiado respeto por las partituras.

Ahora sospecho que el director debe abandonar, de vez en cuando, la batuta y ocupar un lugar entre los músicos.

No para renunciar al orden, sino para descubrir que existe otro, más secreto, que nace cuando aprendemos a escucharnos.

La orquesta seguirá desafinando. Alguno entrará tarde. Otro improvisará donde no debe. Y quizá, precisamente entonces, ocurra la música.

Después de todo, sería una lástima llegar al final de la vida con una partitura impecable y no haber tocado una sola nota.